Y Probé a ser IMvencible

Triatlon.

lunes, septiembre 18, 2006

¡Mi amiga Gema, bronce en el Cto. de España de Grupos de Edad G17-19!
El fin de semana nos ha traído una gran alegría. Es un premio a la constancia y al sacrificio. Gema ha conseguido una importantísima medalla de bronce en su grupo de edad en Pulpí. ¡Enhorabuena!. Ahora comienza otra carrera, otro entreno para afrontar nuevos retos. Se irá a estudiar, seguro que lo aprovecha como ha aprovechado estos años de trabajo perseverante y entusiasta.
El fin de semana se acabó y con él las vacaciones. Hoy ya he ido al curro. Más de lo mismo, esperaremos acontecimientos... Iré a nadar a medio día y luego a impartir “doctrina”, no tengo más tarea estos días...
El sábado hice el kilometraje que tenía previsto para la marcha cicloturista. Me fui a solanas en dirección a Totana. A las ocho cuando salí de casa hacía una pequeña brisa fresquica. No tenía buen cuerpo. He dormido mal estos últimos días. Creí que me iba a poner enfermo... Así que me pertreché con un cortavientos para esperar que subiera algo la temperatura para quitármelo. Al final no me lo quité, no entré en calor. Agua, dos medios sanwichs, una barrita energética, el móvil, el dni y algo de dinero para prevenir los “porsi”. Encontré las gafas de sol que hace algún tiempo me perdió mi perrico. El jueves se murió uno de mis perros. Le pusimos el nombre del gran jugador de balonmano, en aquellos días nos dedicábamos a eso, Talan Dushebaev. Habitualmente le llamábamos Dushe. Nos hizo siempre mucha compañía y nos dio su cariño y protección. Era un gran Pastor Alemán, obediente y juguetón. Llegó a casa un poco después de que nos trasladáramos desde la ciudad al campo y ahora lo echamos de menos. Nos queda el boxer, que aunque es muy bonico, es como si no fuera nuestro perro, el nuestro era “Dushebaev”.
Salí de casa y pronto me di cuenta que los milagros no son frecuentes. El ruido no se había quitado solo. La bicicleta hacía un estruendo terrible. El desviador rozaba con la cadena en casi todas las posiciones y atrás llevaba un gruñido como si un cojinete estuviera roto. Se me oía llegar doscientos metros antes. Hasta Librilla fui solo. Al llegar allí me cogieron los de la peña “Alejandro Valverde”. No querían “invitados” y pronto se pusieron a tirar hasta que me sacaron de rueda, por primera vez. Subiendo un puente me quedé. También influyó el que el último de la fila me miraba a mí, luego a la bici y se sonreía. Debería estar preguntándose:”¿De dónde ha salido el globero este con el ruido que le hace la bici?. Me avergoncé un poquico y dejé de dar pedales.... Al dejarme de rueda se relajaron. Justo en el pueblo de Alhama los volví a coger. Esta vez me quedé algo más lejos, unos treinta centímetros, esperando que el ruido de mi bici no molestara tanto a los zagalicos. De nuevo en la gran recta que lleva hasta Totana se pusieron a cuarenta y cinco por hora y decididamente me dejé ir, me volvieron a sacar de rueda. Los jodíos en cuanto me desenganché se dieron la vuelta y se volvieron a Murcia. Tuve que seguir unos diez kilómetros más, pues había decidido dejar la bici en el mecánico en Murcia al llegar. Llamaría a casa y esperaría que alguien viniera a recogerme. No podía seguir con semejante escándalo en la bicicleta. De regreso apretó el viento, tanto que en un descuido estuvo a punto de sacarme de la carretera. Esperaba poder alcanzar algún grupo de los que salen algo más tarde en Librilla y poder regresar con ellos pues el viento me estaba matando. Como lo que no puede ser, no puede ser, sólo encontré de regreso ciclistas aún más malos que yo. Regresé a Murcia con 106 km. en las piernas y con un cansancio de tres pares de tanto luchar contra el viento. Le dejé la bici a Ríos y me dijo que ya me llamaría, que total para lo que ando que mejor salga a pie o nade... ¡Es que no me respeta nadie...!.
El domingo me fui a Nonduermas. Recogí al abuelo a las nueve. El abuelo suele ser un fijo en las carreras y nos informa cuanta gente está delante nuestra y cuantos nos van a adelantar. Después a mi amigo Antonio. Tras nosotros apareció mi zagalico el mayor y todos nos fuimos a la carrera. Unos cuatrocientos tíos y tías nos juntamos en la prueba. En esa carrera he corrido hace unos años con menos de ochenta participantes. Se nota que el entusiasmo del club organizador está dando frutos. Una camiseta Kelme de tirantes, calcetines, una bolsa de deportes y en un montón de cosas más consistía la “bolsa del corredor”. Estuvimos calentando un ratico, no mucho pues ya desde el primer momento tenía malas sensaciones. Como dije el día antes creí que iba a caer enfermo y el domingo estaba igual. Mi intención era mejorar el tiempo de Librilla y rondar los cuatro minutos por kilómetro. Pronto, en el calentamiento, me di cuenta que iba a ser otro día, pero ayer, ¡no!. En la salida un montón de amigos. Tras rogar que no nos doblaran y hacer juramento de que todos estábamos lesionados e íbamos a la carrera con el ánimo de disfrutar de las vistas, salimos como diablos al oir la explosión del cohete que anuncia la salida. El primer kilómetro salió a cuatro treinta. Luego me estabilicé en un poco más de cuatro diez o doce. No iba cómodo, a ese ritmo tenía que ir sobrao, pero el cuerpo no me respondía. Decidí poner como objetivo cazar a mi amiga Loli que iba segunda femenina y luego descansar. Me fue imposible. Llegó treinta metros delante mía y no fui capaz de cogerla. De todas formas ya he dejado casi a cero la distancia que me saca y sólo he consumido quince días de septiembre. A principios de septiembre me sacaba un minuto y en un día normal hoy le hubiera ganado. Tras la carrera nos fuimos de cervezas. Mis compañeros del Maratón Cartagena se fueron de matanza... ¡Y encima corren más que yo!. Al final todos los kilos que había perdido, ayer los recuperé con amplitud. ¡Menos mal que ya comienza el curso y no me queda tiempo para comer!. Hasta mañana, querido diario...

1 Comments:

At 6:46 p. m., Blogger stani said...

Para que no haga ruido la bici, puedes intentar limpiarla, yo lo hago dos veces al año y me va bien, jaja.

 

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